SismoRed convierte tu móvil en algo útil ante un terremoto: vigila mientras duermes, avisa cuando ya no hay cobertura y ayuda a que te encuentren.
Disponible solo en Android.
De madrugada, quieto y sin que nadie lo toque en media hora, el listón baja a menos de la mitad. La media hora no es un capricho: sin ella, levantarse al baño dispara la sirena.
El que oye la alerta la repite, y el siguiente también, hasta cuatro saltos. Medido entre dos móviles: el segundo se enteró por el aire y sonó. No hace falta emparejar nada ni que quede una antena en pie.
Sirena, destello y una baliza con tu grupo sanguíneo, con la pantalla bloqueada. En modo rescate pasa a un pulso cada 12 s, que se oye igual de lejos y dura mucho más.
Bluetooth quiere emparejarse, el wifi quiere un router y la cobertura quiere una antena en pie. El sonido no quiere nada: sale de un altavoz que ya tienes y entra por un micrófono que ya tienes. Por eso la alerta viaja en tonos de 14,8 a 18,8 kHz, en el filo de lo que oye un adulto, y cada móvil que la oye la repite sin que nadie toque la pantalla.
Hasta 4 saltos, y cada reemisión gasta uno. Así la alerta cruza el edificio y se para sola en vez de quedar rebotando para siempre entre dos móviles.
El umbral se mueve con la situación: en una mesa vacía basta con 0,25 m/s², y en la mano sube a 2,16 porque una mano nunca está quieta. Si detecta que la estás sujetando, no dispara.
Un anuncio Bluetooth con nombre de pila, grupo sanguíneo y estado. Con la alarma o el rescate activos añade edad, medicación y contacto, para que quien te encuentre sepa qué no ponerte.
Salvo el detector y la malla, que vigilan en segundo plano, el resto no se enciende hasta que alguien lo enciende o hasta que la alarma decide que hace falta. Mientras esperan, no gastan batería.
Le falta aprender la firma del propio móvil, y grabaciones de golpes reales sobre hormigón, hierro y tubería para saber distinguirlos. Eso no necesita programar: es lo que más falta hace y cualquiera puede aportarlo.
Quedan la declaración de accesibilidad, la de micrófono en segundo plano y la revisión legal. Hasta entonces se instala por APK, que es como está pensada.
Una versión que se abra desde el navegador, sin instalar nada. Está empezada y no tiene fecha.
Quien usa esto va a estar asustado y con prisa. Un número inventado se cree igual que uno medido, y manda a cavar en el sitio equivocado. Por eso la app prefiere quedarse callada antes que rellenar un hueco.
La pantalla de rescate enseñaba «31 h de autonomía». La cifra salía de multiplicar la batería por 0,65, así que se quitó y ahora enseña la carga, que sí se mide.
No hay cuenta, ni telemetría, ni servidor nuestro. Salen tres cosas y están todas contadas en Privacidad: la baliza Bluetooth, la ficha por wifi en tu red local y las consultas a los catálogos sísmicos públicos.
Nadie sabe hacerlo. Detecta el que ya está pasando.
Una mano se mueve más que un terremoto. Si te lo nota encima, sube el listón y calla: vigila de verdad cuando está apoyado en algo.
Si hay cobertura, llama. Esto es para cuando no la hay, o cuando no puedes marcar.
El acelerómetro de un teléfono no es un sismómetro: un M4 a cien kilómetros no le llega. Para lo que pasa lejos está el catálogo; el sensor es para lo que pasa donde estás tú.
Rellenar la ficha médica y dejar el detector armado lleva dos minutos. Es todo lo que hay que hacer hoy para que sirva el día que no haya luz ni cobertura.